El Juego de la Memoria
MI
PRIMER VIAJE A VILLA LA ANGOSTURA fue a fines del 2008. Recuerdo que
cuando el colectivo tomó la curva de Paso Coihue y ví aparecer la
luna brillando furiosa sobre el lago Nahuel Huapi, sentí que,
literalmente, estaba ingresando en un mundo mágico, misterioso. Las
muchas curvas que presentaba la ruta acrecentaban esa sensación. Yo
venía del Alto Valle: allí los caminos son rectos, todo se ve desde
lejos. Pero aquí, el paisaje (este maravilloso nuevo mundo) me
resultaba espontáneo, asombroso.
Un par
de años más tarde, me mudé definitivamente a la Villa. Al tiempo,
escribí (en el 79º aniversario de la ciudad) unas líneas, para
este mismo espacio. El texto se llamaba “Papeles
de un recién venido”
(aludiendo a la obra del gran Macedonio) y allí relataba mi
pasión-obsesión por juntar y guardar papeles: boletos de tren y de
avión, notas manuscritas, los primeros palotes de mis hijos.
Hoy,
ocho años después de aquel primer viaje, mucha agua ha corrido bajo
el puente: hemos pasado buenas y malas temporadas, hemos vivido la
experiencia de dos erupciones volcánicas, hemos visto llegar e irse
a nuevos y viejos angosturenses. Empiezo a repasar este lustro, esta
media década, en números e imágenes fugaces, a jugar al juego de
la memoria, otra vez.
Reviso
mis papeles al azar y encuentro algunas cosas:
-El
borrador del número 1 de la “Rescate”,
la revista de cultura que desde el 2011 dirijo con Graciela
Arakelian. Ello me lleva a recordar que, apenas llegado, alguien me
dijo: “Acá
en Villa, si querés que pase algo, tenés que ir y hacerlo vos
mismo”.
Así que lo hice (lo hicimos). En estos cinco años, llevamos 11
números de nuestra revista. Publicamos más de 130 notas, artículos
y entrevistas. Colaboraron con nosotros 70 corresponsales
(periodistas, escritores, fotógrafos) que aportaron totalmente de
corazón sus artículos, notas, dibujos, fotos, historietas, recetas.
Todo para seguir haciendo una revista propia de cultura y de
distribución totalmente gratuita.
Todo
eso da un indicio de qué es la Villa: un lugar para crear, para
hacer. Me invitó, me incitó a ser protagonista y no sólo un
espectador.
-Un
poema escrito en una servilleta de papel, de la época de la erupción
del Puyehue:
“Miré
tanto, tantas veces
el
cielo, las nubes, los árboles
y
creía conocer bien
todas
esas cosas.
Pero
ahora
cierro
los ojos
y
no soy capaz de formarme
una
imagen clara, propia de ellas.
Sólo
veo
la
palabra árbol,
la
palabra nube,
la
palabra cielo”
Estas
palabras son huellas de lo que fue aquella instancia trascendental.
Lo que veíamos a nuestro alrededor. Signos, símbolos de lo que nos
pasaba, lo que intercambiábamos cuando nos cruzábamos en el
mercado, en la escuela, en la plaza.
-Encuentro,
escrita con mi letra, una frase genial de Ceci Fresco, mi compañera
de vida, madre de mis hijos: “Siempre
que llovió material piroclástico, paró”.
Lo que me trae de vuelta, tan vívida, la sensación de esos días.
La fraternidad a flor de piel, la familia como primer sostén, las
comidas en casa de amigos, la paz en medio de la tormenta. En esos
días turbulentos nació “Alamberse!”,
nuestro grupo literario, el que desde entonces y para siempre, se
junta todos los lunes a la tarde en la Biblioteca "Osvaldo
Bayer". Para leernos nuestros
cuentos y poemas, a conversarnos, redescubrirnos.
Comparo
la Villa de mis recuerdos con la actual. Como en el viejo “juego
de la memoria”,
donde se daban vuelta cartas o figuras hasta encontrar las dos
iguales, voy repasando estas postales y pierdo, porque no logro
encontrar dos imágenes idénticas, exactas. La Villa crece
velozmente, vuela. Pienso en aquello que escribió el filósofo
Heráclito hace más de veinticinco siglos: “No
bajarás dos veces al mismo río”
y reformulo: “No
verás dos veces la misma Villa”.
La Villa cambia todo el tiempo: muda de colores, de tonalidades,
florece, se recrea, renace.
Qué
es entonces (ahora) para mí la Villa. Mi lugar en el mundo. Me ha
dado todo: un puñado de amigos de fierro, la mujer de mi vida y dos
hijos maravillosos.
El
escritor santafesino Juan José Saer, en una anotación suelta de sus
“Papeles de trabajo”,
dejó escrito: “Desde
mi punto de vista, París es la periferia de Santa Fe o de Colastiné
Norte”.
Para
cerrar, para coronar este juego de la memoria, yo me atrevo a decir
algo parecido.
Para
mí, todas las demás ciudades (Buenos Aires, Londres, Nueva York)
son apenas los arrabales del mundo. El centro de todo (donde las
cosas pasan) es Villa la Angostura.
Diego Rodríguez Reis
Diario "Andino Digital", Villa La Angostura, 22/05/2016



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