Papeles de un Reciénvenido
Siempre me llamaron la
atención los papeles tirados en la calle. Esos papeles que el viento
desparrama y pierde. Hojas de diarios, volantes, tarjetas, todo tipo
de papeles. Pero sobre todo, siempre me fascinaron los papeles
manuscritos: hojas de carpeta de algún estudiante, notas varias,
listas del supermercado y un insólito etcétera, inverosímil y
hasta inútil para todo aquél que no esté familiarizado con esa
clase de material. Tengo una colección inconmensurable de estos
papeles, clasificados en cajas numeradas.
Esos papelitos han ido
teniendo destinos diversos. Acaso el más excelso sea el de ser el
disparador de un relato o un poema. Muchos textos me han sido
inspirados por alguno de esos papeles sueltos, anónimos.
Por supuesto, además soy un
asiduo coleccionista de esos papeles personales míos, los que por
cualquier motivo van llegando a mis manos. Soy nuevo en la Villa
(estoy hace un año y medio casi) pero ya tengo una caja de zapatos
llena de esos papeles. Por ejemplo:
-Los pasajes de mis primeros
viajes a la Angostura. Me quedan también de esos viajes la memoria
los cambios del paisaje, cada vez más accidentado: desde la pura
barda saliendo del valle pasando por El Chocón (la capital del
viento), hasta las piedras monumentales, magníficas del Traful, para
llegar por fin al rinconcito ese que es la Villa, libre del viento
por tanto cerro que la envuelve.
-Boletos del colectivo 15 de
Mayo (el aniversario de la ciudad, de paso) que tengo que tomar
cuando cae tanta nieve que es imposible salir con el auto hasta la
ruta. El paisaje entonces se convierte entonces en uno de esos
escenarios de los cuentos de Jack London. Coihues y cipreses ocultos
detrás de un manto blanco. El bosque blanco sobre blanco sobre
blanco.
-El recibo del primer libro
que me compré en la Villa: “La vida breve”,
de Juan Carlos Onetti.
-El pase de una tarde en un
camping en el lago Correntoso, donde el agua no es tan helada como al
del Nahuel Huapí, donde a escasos pasos de distancia conviven la
civilización y el bosque virgen y perfumado.
Qué historias contarán
estos papeles que voy guardando, me pregunto, si es que algún día
los usaré con fines literarios, si serán el pie de un poema, de un
cuento o quizá una novela. O quizá pienso, más allá de que
escriba o nó algo a partir de ellos, acaso ellos solitos ya estén
formando una trama silenciosa, el mapa secreto de los avatares de una
vida: mi vida.
Diego Rodríguez Reis
Diario “Río
Negro”, Domingo 15 de Mayo de 2011



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