Tras “Las Huellas” de Cecilia Fresco

 “Las huellas”, Cecilia Fresco (El Camarote Ediciones, 2010)

No creo que sea este el espacio ni el tiempo para hablar de la escritura de Cecilia Fresco en términos generales. Así que me limitaré a hablar un poco sobre esta novela, “Las huellas”.
Personalmente creo que hay algo que define a toda buena escritura. Más allá del tono, de los puntos de vista, del argumento y de los rasgos circunstanciales, hay algo que sostiene y trasciende “Las huellas”: es la condición, la convicción de Cecilia Fresco en ser lo que es, una escritora, una buena escritora.
No haré aquí ni ahora una descripción de los recursos técnicos que despliega a lo largo y a lo ancho de la obra para decirnos eso que quiere (o no) decirnos. Sólo haré énfasis en el hecho de que quien se adentre en las páginas de “Las huellas”, ingresará en un mundo complejo, donde las unidades de tiempo, de lugar y de narrador están fracturadas, falseadas.
Toda comparación es tan odiosa como necesaria a la hora de establecer conexiones, de rastrear supuestas inspiraciones o fuentes. La mayoría de las veces, esas comparaciones suelen hablarnos más del lector que las formula que del autor, que acaso se sorprenda de la lectura que nosotros (lejanísimos lectores) construímos con su obra.
De “Las huellas” diré que hay una sola obra que me trajo continuamente a la memoria: “Las palmeras salvajes”, de W. Faulkner. Contaba el mismo Faulkner que, al iniciar la obra, comenzó contando una historia (“Las palmeras salvajes”) y que luego de unas cuarenta páginas, esa historia se agotó y comenzó a contar otra (“El viejo”), historia que también se agotó transcurridas unas decenas de páginas, por lo cual retomó la historia original, y así consecutivamente, hasta el final.
Quienes hayan leído ambas obras sentirán también acaso lo que yo he sentido al leerlas: la constante y sugerente posibilidad de que cada una de las dos historias que está siendo contada está contaminando (o enriqueciendo) a la otra.
Las huellas” no es una novela convencional, lineal. El relato, que inicia con la escena de un hombre que despierta sin memoria en una habitación desconocida, va ramificándose, enriqueciéndose, obligando al lector a una constante reinterpretación.
Cecilia Fresco parte de un relato aparentemente simple, pero que con el correr de las páginas, va multiplicando sus raíces y consecuencias, donde los narradores muchas veces se prestan la voz y se desdoblan.
Las huellas” no es ya la historia de un hombre o de una mujer. Sus temas son la memoria y el tiempo, y su influencia (íntima, delicada) en todos y cada uno de nosotros.

Diego Rodríguez Reis
Revista “Rescate” N°1, Villa La Angostura, Otoño 2011
Página “Hijas de Eva”, 27 de Julio de 2011

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