Historias de Baco: El Olvido de Sí y Lo Universal
Admitiendo el riesgo de la
mera linealidad, hemos de iniciar estas "Historias
de Baco"
contando sin más ni más la historia de Baco. No es un inicio
inocente, sin embargo. En esta historia está de algún modo cifrada
una perspectiva de vida y acaso la esencia fundamental del vino.
En principio, Baco es el
nombre que los romanos dieron al dios griego Dioniso. Dioniso/Baco es
el dios del vino, patrón de la agricultura y del teatro. Dioniso era
hijo de Zeus y Sémele. Una noche, en uno de sus encuentros furtivos,
Sémele le pidió a Zeus que se le mostrase en todo su esplendor.
Este así lo hizo, pero la mujer no pudo soportar esa visión y
murió. Así, Dioniso tuvo que cumplir el período de gestación en
el muslo de Zeus, su padre. De ahí que se le conozca como el dios
"nacido
dos veces".
Lejos del Olimpo, Dioniso
fue criado en el monte por ninfas, quienes lo iniciaron desde pequeño
en el gusto por la poesía, el baile y los juegos. Según la leyenda,
fue su maestro y protector, el sátiro Sileno, quien le enseñó el
cultivo de la vid y la fabricación del vino.
Ya mayor, Dioniso fue
peregrinando por toda Grecia con su séquito (el llamado Tiaso)
viviendo toda clase de aventuras. Los sátiros, las ménades, los
silenos y el dios Pan conformaban las huestes de Dioniso (o Baco):
todos amantes de las fiestas, las orgías y, por supuesto, del vino.
La leyenda culmina con el fin de los viajes de Dioniso y su ascenso
al Olimpo, ya convertido en dios.
Los romanos homenajeaban
anualmente al nuevo dios en las célebres fiestas conocidas como las
bacanales, en las cuales se bebía sin medida y hombres y mujeres se
entregaban a toda clase de disolución. En el 186 a. C. el Senado
prohibió la celebración de bacanales promulgando una ley, tratando
de volver el culto a Baco a su entorno sagrado. Algo se consiguió
reducir, pero era tan popular que no se pudo extinguir totalmente.
Dice Nietzsche: "Los
griegos, que en sus dioses dicen y a la vez callan la doctrina
secreta de su visión del mundo, erigieron dos divinidades, Apolo y
Dioniso, como doble fuente de su arte"
("La
visión dionisíaca del mundo”,
1870). Así, contrapuesta a la visión apolínea (la mesurada
limitación, la sosegada sabiduría), la visión dionisíaca del
mundo descansa en el juego con la embriaguez, con el éxtasis. Las
fiestas de Dioniso no sólo establecían un pacto entre los hombres,
también reconciliaban al ser humano con la naturaleza.
El olvido de sí mismo y la
unión con lo universal son los principios fundamentales del arte
dionisíaco.
Y acaso no sea desacertado
pensar que estos mismos principios, siglo tras siglo, fueron
transmitiéndose a la vid, a su fruto y al fruto de su fruto: el
vino. Principios que nos gusta pensar hoy presentes en el arte de su
hechura y, por supuesto, en el arte de beber.
Salud.
Diego Rodríguez Reis
Página Web “Fruticultura
Sur”,
30 de enero de 2009
Obra: "Baco", Caravaggio



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