Historias de Baco: De Borracheras Históricas
Según la Biblia, la primera
borrachera de la historia la protagonizó Noé. Después del Diluvio,
dice el Génesis, “Noé se dedicó a la labranza y plantó una
viña. Bebió del vino, se embriagó y quedó desnudo en medio de su
tienda” (Génesis, IX, 20, 21). Su hijo Cam, lo encontró en este
estado y corrió a avisar a sus hermanos Sem y Jafet, quienes
avanzando de espaldas, para no ver la desnudez de su padre, lo
cubrieron y (se supone) lo mandaron a dormir su borrachera inaugural.
Otra borrachera famosa
inscripta en los libros es la del cíclope Polifemo. Cuenta Homero en
la Odisea (Canto IX, vs. 345 y ss.) que Ulises, preso del gigante,
ideó para escaparse la siguiente estratagema: le convidó el vino
que le había regalado Marón, un vino tan fuerte que no podía
tomarse puro. Una vez borracho y dormido Polifemo, Ulises y sus
hombres le quemaron su único ojo con un palo afilado y a la mañana
siguiente huyeron, aprovechando la ceguera del gigante.
Hasta aquí, los casos
citados han terminado más bien infaustamente. Sin embargo, existen
borracheras felices. Testimonio de ello es, por excelencia, la que
registra la leyenda persa del origen del vino. Jashmid, un rey
enamorado de la vid y su fruto, guardaba uvas de diversas variedades
en ánforas distribuidas en las habitaciones más frescas de su
palacio. Al reventarse las uvas de ciertas ánforas, escurría
entonces un líquido espeso cuyo olor fuerte les hizo creer (a él y
a sus súbditos) que ese líquido era venenoso.
En cierta ocasión, una de
las cortesanas, que había perdido el favoritismo del rey, ingresó
en una de esas habitaciones e intentó suicidarse bebiendo del
extraño líquido. Entonces sintió cómo sus piernas temblaban y la
cabeza le daba vueltas, presa de una singular excitación. Llenó una
vasija y se dirigió a las habitaciones del rey, a quien convidó con
el elixir maravilloso. La leyenda nos dice que rieron, bailaron y se
amaron, y la cortesana recuperó para siempre los favores del rey
Jashmid.
Así, la humanidad fue
beneficiada con un don preciadísimo: el vino. Si hemos de creer
entonces en la leyenda, Jashmid y la cortesana (cuyo nombre se ha
perdido para siempre) son nuestros eternos bienhechores.
Muchas y pintorescas (a
veces trágicas) son las borracheras de vino que registran los libros
y las lenguas: desde la citada original de Noé, hasta la de su
descendiente Lot, a quienes emborracharon sus hijas, luego de la
destrucción de Sodoma y Gomorra, para acostarse con él y preservar
su raza; desde la mítica de Heracles, que se hizo convidar el vino
de Dioniso, antes de matar a diez centauros, hasta la borrachera
épica, solitaria, triste y final de Poe, la que lo arrastró hasta
el oscuro callejón donde encontró la muerte.
El negro Dolina escribió
que el catálogo es un género de cuya lectura se sale menos sabio
que aburrido. Ojalá, lector, que estas líneas hayan sido una
esforzada excepción a esa regla.
Salud.
Diego Rodríguez Reis
Página Web “Fruticultura
Sur.com”,
10 de Febrero de 2009
Obra: "Los borrachos o El triunfo de Baco", Diego Velázquez
Obra: "Los borrachos o El triunfo de Baco", Diego Velázquez



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