Palabras Preliminares Para "Arquetipos"

Prólogo a “Arquetipos”, de Fabiola Soria (Ediciones Dunken, 2011).

Es noticia conocida que el término “ciencia ficción” fue acuñado por escritores y críticos norteamericanos. El concepto “scientific fiction” fue fundido en el único término “scientifiction”, por lo cual la traducción literal sería algo así como “ficciencia”. Ahora bien, si pensamos en los relatos de Fabiola Soria, difícil sería encasillarlos en ese breve concepto.
Son ficción, sí. Pero no son sólo ciencia. Ahí también andan dando vueltas la filosofía y la lógica. ¿Cómo llamarlos, entonces? Ficciosofía, ficciológica. Más allá de estas disquisiciones, lo que estos monstruos nominales quieren significar es el alcance, la amplitud de los relatos “sorianos”.
Más cerca de Bradbury y de Stanislav Lem que de Asimov, Fabiola Soria aborda en “Arquetipos” temáticas clásicas, universales (la soledad, el dolor, el miedo) con la excusa de que nos cuenta hechos concretos, aunque ese hecho concreto sea la invasión a un extraño planeta o las vicisitudes de un cosmonauta solitario. Por caso, el cuento llamado “Eva”, en el cual una mujer lleva en su vientre un ser extraterrestre: el quid del relato no es el qué ni el cómo de esa gestación, sino más bien las consecuencias de ese hijo extraño en la vida conyugal de la mujer.
Dice Borges que dice Coleridge que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Ahora bien, en cuál de estos mundos posibles, en cuál de estos órdenes del pensamiento ubicar a “Arquetipos” sino en el segundo, donde la Realidad es la realidad de las Ideas, allí donde el lenguaje no es apenas un sistema de signos arbitrarios sino secreto un mapa del universo. Consecuentes consigo mismos, los relatos de este libro hacen suyo aquel célebre axioma según el cual “lo genérico puede ser más intenso que lo particular”.
Una constante es el encuentro con lo innombrable, lo incognoscible. Tales son los avatares de relatos como “Los empíricos”, “La Tentativa N” y el abrumador “Mnorinto”, en el cual además entrevemos la inquietante presencia de Lovecraft.
Vale la pena recordar además que Fabiola Soria es también la autora de las ilustraciones que (valga la contradicción) no sólo son “meramente ilustrativas”, sino que muchas veces vienen a completar el sentido del texto (por ejemplo, en la que acompaña a “Un cuento para Stephen”) o desbordan una ternura acaso algo ausente en el relato (por caso, la de “Tripulante”).
Fabiola Soria escribe en el impreciso y siempre fluctuante límite entre los géneros. Y si tuviésemos que arriesgar una definición de sus textos, entre los muchos nombres, me atrevería a catalogarlas como ficciones “ontológicas”. En ellas, vemos desfilar las posibilidades del Ser y sus múltiples acepciones, los diversos discursos y recursos.
O como bien leemos en “El traidor”, uno de los relatos del presente libro, “las palabras técnicas mezcladas con los gritos, los lamentos de dolor, la duda, el miedo”.

Diego Rodríguez Reis
Prólogo a “Arquetipos”, Fabiola Soria (Ediciones Dunken, 2011).

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