No Sólo la Vieja Idea de que el Amor es Sólo una Idea
Presentación de “El amor, sólo una idea”, de Carolina Biscayart (Ediciones del Dock, 2012).
“Algún historiador de
la literatura escribirá algún día la historia de uno de sus más
recientes géneros: el título” (1).
Este género se ha desplegado a través de siglos de historia, de
culturas y de corrientes estéticas en un continuum que ha ido
fluctuando de lo concreto a lo abstracto, de lo meramente enunciativo
a lo simbólico y deliberadamente alegórico, de la indefinición a
la ambigüedad. Pocos elementos en el ámbito de la literatura (de la
escritura) son tan reveladores y a la vez tan invisibles como el
título.
¿Dónde, en qué momento de
este continuum histórico debemos ubicar entonces el título de la
obra de Carolina Biscayart, “El amor, sólo
una idea”?
Cuando tuve la primer
noticia de su libro, escuché mal o pensé distraídamente que el
título era: “El amor es sólo una idea”.
Lo cual lo ubicaría en el terreno de lo enunciativo, lo descriptivo
(la descripción de una opinión). Prácticamente una petición de
principio, digamos, ya que decir que el amor es “sólo”
una idea también es enunciar una idea.
Pero resuelta la confusión
inicial, ya todos sabemos que el libro se titula. “El
amor, sólo una idea”, y ya estamos en otro
terreno, el terreno sintáctico, anque semántico. ¿Qué nos quiere
decir Carolina Biscayart?: a) ¿Lo que pensábamos ya (sin el auxilio
de la coma): que el amor es sólo una idea?; b) ¿Que se nos va a
presentar tan sólo una idea, una propuesta acerca del amor?; o más
bien c) ¿Que vamos a ser partícipes (como lectores) de las
recreaciones, los avatares de la vieja idea de que el amor es sólo
una idea?
Esa idea tan presente, que
llega a nosotros desde las profundidades del tiempo desde Platón,
pasando por Lucrecio, “El Lazarillo de
Tormes”, cruzando el mar con las novelas
picarescas, el sainete criollo, Florencio Sánchez, Payró, “Madame
Bovary”, la modernidad, y el posmodernismo,
y ahora el ahora, después del después.
Ya sabemos, entonces, sin
abrir siquiera el libro, en qué terreno de la escritura (de la
literatura) escribe Carolina Biscayart.
Carolina escribe sobre el
delicado pero peligroso terreno de la ambigüedad. Porque la
ambigüedad, a diferencia de lo que pensaban los escritores clásicos
(que luchaban contra ella), puede ser también una riqueza. Y acaso
no nos quede a nosotros, escritores contemporáneos, otro terreno
“honrado” sobre el
cual trabajar.
Los títulos de sus cuentos
(ya que estamos pensando sobre esa trama) son también algo ambiguos.
Casi me atrevería a decir “mentirosos”.
Por caso, los llamados “La pecera”,
“El valle”, “La
puerta” ó el que abre la serie “Lilas
contra la ventana”, pretenden postular el
tópico del relato, cuando en realidad, transcurrida la lectura,
descubriremos que el desarrollo de la acción está dominado por
otros elementos.
Estos elementos, que ordenan
y dirigen los relatos de Carolina Biscayart, pertenecen generalmente
a otro orden de abstracción: los encuentros y los desencuentros, la
iniciación sexual, la mentira, la muerte. En una palabra: el amor,
en todas sus versiones.
El amor como circunstancia
fundamental de la vida. Vida de la cual Carolina Biscayart sólo nos
presenta (nos representa)
un retazo. Retazos, pedazos de realidad: ese el mundo en el que se
desenvuelve “El amor, sólo una idea”.
Maupassant escribió que la
vida es brutal, inconsecuente, carente de toda ilación. Y que el
escritor no debe ser servil con la vida. Creo que los textos de
Carolina Biscayart (no me atrevo a llamarlos “cuentos”,
ya que los límites de ese género -y con ellos, su sentido original-
prácticamente han desaparecido) siguen puntualmente este precepto.
Sus textos no son ni
pretenden ser la vida: son pedazos de la vida.
Retazos de vida en los
cuales una puerta, una pecera, o flores contra una ventana acaso
pueden ser tan determinantes y representantes de un destino como el
amor o la muerte.
(1).
Borges, Jorge Luis. “J.W.Dunne, Un
experimento con el tiempo”, “Biblioteca personal”.
Alianza Editorial, Madrid, 1998.
Diego Rodríguez Reis
Presentación en San
Carlos de Bariloche, Junio de 2012.

Comentarios
Publicar un comentario